Copio a continuación el artículo de opinión que firma Josep M. Vallès, publicado hoy 3 de febrero de 2010 en el diario El País.

La condena social de los políticos

Son mediocres, incompetentes, cínicos, mentirosos, aprovechados, manipuladores, corruptos. Cuando no son sus causantes, los políticos se muestran incapaces de resolver la crisis económica, la inseguridad ciudadana, la decadencia crónica de la agricultura, la extensión del paro, las listas de espera de la sanidad, la baja calidad de la educación, la degradación medioambiental.

Basta un muestreo de artículos de prensa, tertulias, cartas al director o mensajes en los medios digitales para constatar un veredicto mayoritario y condenatorio sobre toda una “clase” o “casta” política. Aparece como una rémora perjudicial para el bienestar de sus conciudadanos. En algunos países, el “que se vayan todos” ha sido el grito resumido de este estado de ánimo.

Esta condena a los políticos arrastra fácilmente a una condena general de la política. Si la política es “lo que hacen los políticos”, es inevitable concebirla como el reino del engaño, la corrupción y la pugna egoísta por las ganancias particulares de quienes están en ella. Muy lejos, por tanto, de concebirla como el espacio donde se trabaja por el bien común. Hay que preguntarse por las razones de una opinión tan extendida. ¿Es una reacción fundada? ¿Cuáles son sus motivos? Con ayuda de bibliografía antigua y reciente, resumo algunas explicaciones.

La profesionalización de los políticos. La ciudadanía se aleja cada vez más de una dinámica institucional muy profesionalizada que monopolizan -cada uno a su modo- políticos de dedicación exclusiva y periodistas que les siguen como su sombra. Constituyen un círculo cuasi autónomo, en el que comparten reglas no escritas, escenarios públicos, latiguillos retóricos y otras complicidades. “Los políticos nos ganamos la vida gracias a los periodistas. Y los periodistas políticos os la ganáis gracias a nosotros”: es la frase contundente oída hace años a un profesional de la política.

Convertir la política en un modus vivendi vitalicio entreabre una puerta al corporativismo, la rutina o la corrupción de mayor o menor cuantía. Pero cuesta atribuir el desencanto masivo sobre la política a una reacción irritada cuando se dan prácticas condenables. Unos centenares de corruptos o aprovechados no bastan para explicar la tacha que se lanza sin matices y sin datos sobre 150.000 cargos electos y 2.500.000 de empleados públicos.

La dimisión de los ciudadanos. Los ciudadanos de los países más desarrollados tienden a dimitir de sus responsabilidades colectivas. Están sometidos a la presión publicitaria que promueve un estilo de vida donde el bienestar personal pasa por delante de cualquier otro objetivo. La disposición a la cooperación para fines comunes disminuye. Si apenas se admiten los sacrificios y privaciones que exige la búsqueda de la prosperidad

individual, mucho menos aceptables aparecen las renuncias y las privaciones que reclama la entrega desinteresada al bien público. Ocuparse de los asuntos comunes o comprometerse en su gestión representa una merma del tiempo y de la energía que requieren las obligaciones familiares, las tareas profesionales o las aficiones recreativas.

Hay quien lo formula en tono más filosófico: una pérdida creciente de la virtud cívica -y no sólo o no tanto la corrupción de sus profesionales- provoca esta indiferencia o desafección por la política.

El desprestigio de lo público. Si el valor de la cosa pública cotiza a la baja, se debe a décadas de hegemonía ideológica de cierta visión sobre las relaciones sociales. Se sintetizó en modelos económicos que concebían al individuo como egoísta ilustrado, como maximizador racional de su beneficio en un mercado perfecto. Los modelos se trasladaron al análisis de la política. En versión vulgar, se cifró en frases rotundas: “la sociedad no existe”, “la política no es la solución: es el problema”.

La doctrina tuvo éxito. Hasta la crisis de 2008, al menos. Durante más de 30 años orientó a entusiastas políticos de derecha y a adaptables políticos de izquierda.

La política y lo público se convirtieron en sinónimos de ineficiencia, despilfarro o corrupción. El mercado y lo privado aparecieron como la receta salvadora: privatización de sectores estratégicos, externalización de servicios públicos, aparición de agencias ejecutivas “despolitizadas”, desregulación de actividades de impacto social. De este modo, los propios políticos alimentaron la desconfianza hacia su misma tarea. Dieron a entender que su papel y el papel de los empleados públicos eran cada vez más prescindibles, cuando no perjudiciales. Persuadieron a buena parte de la ciudadanía de que la política que ellos encarnaban era superflua o nociva para el progreso social. Y la ciudadanía les correspondió lógicamente con un desprestigio sin matices de la política y de lo político.

La globalización. Una determinada idea de la globalización se convierte en la coartada resignada para reducir el espacio político hasta hacerlo insignificante. En este contexto, las opciones políticas mayoritarias ofrecen poco margen para la oferta de alternativas distintas. Porque los límites del juego vienen marcados “desde fuera”. La disputa política no se plantea, pues, sobre programas sustantivos que apenas se distinguen entre sí. Si no hay diferencias y “todos son iguales” -no sólo los políticos, sino también sus programas-, ¿cómo podrá estimularse algún interés por lo político? El único estímulo será el fabricado por el marketing, encargado de suministrar envoltorios diferentes para disimular propuestas similares.

El énfasis sobre la calidad del “liderazgo” enmascara la irrelevancia del rumbo que un presunto líder debería fijar. Porque -bajo la apariencia de liderazgo político- sólo hay un “piloto automático” teledirigido por la globalización.

Este fatalismo resignado es una negación de la política como capacidad para decidir entre alternativas de futuro colectivo. Con todo, los datos no siempre abonan la irrelevancia de la política para afrontar grandes problemas. Con decisiones no siempre coincidentes y por tanto discutibles, la política ha tenido que remediar los efectos más catastróficos del pretendido “piloto automático” que llevaba al mundo occidental al borde del abismo económico y social.

En conclusión: es preocupante que los políticos aparezcan entre los grandes problemas percibidos por la opinión. Pero no basta descargar cómodamente sobre ellos -ni siquiera sobre sus malas prácticas- la culpa de una devaluación persistente de lo público y de lo político. Sin suscribir del todo las explicaciones disponibles (Sennett, Hay, Rosanvallon), conviene tenerlas en cuenta si se quiere reivindicar la importancia social de la política y empeñarse -entre todos- en devolverle la necesaria credibilidad.

Porque el rechazo total a la política y a los políticos somete la sociedad a la ruda ley del más fuerte.

Josep M. Vallès es catedrático de Ciencia Política en la UAB.

Se trata éste de un tema que me interesa especialmente. No hay día en el que no reciba un correo con algún chiste, presentación o carta en los que se insista en el desprestigio y el insulto a la clase política. La cosa está calando en la gente y resulta preocupante. Por más que algún dato de los que en este tipo de informaciones se facilitan, pueda ser más o menos correcto, el conjunto suele estar completamente desenfocado, fundamentado en el tópico y a la postre en la desinformación, y eso sí, siempre peligrosamente teledirigidos.

Es precisamente esta última parte la que más me preocupa y más echo en falta en el artículo de Vallès. El papel de la prensa es más que relevante. Su empecinamiento en la utilización de la política y de los políticos en pro de sus legítimos intereses empresariales posibilitan el sesgo informativo del que todos nos alimentamos día tras día. El desprestigio del sistema lo hace más vulnerable y con ello más manipulable por aquellos cuyos intereses se sitúan bien lejos del interés común.

Junto a esto, la inmensa irresponsabilidad de aquellos políticos que superponen a toda costa sus intereses particulares y de partido por encima del bien del país, así como el paulatino alejamiento de los discursos de los dirigentes de lo concreto, de lo inteligible por la ciudadanía, contribuyen a erosionar cada día más la imagen pública de los políticos, meros representantes y trabajadores por y para la sociedad.

16 nuevas funciones, de lunes a jueves a as 19.30 hasta el 28 de febrero.

Entradas a través de atrapalo.com, entradas.com y el corte inglés.

Más información en www.ireneoeltesoro.blogspot.com/

Os esperamos!!

De la pantalla al escenario, música, voces, magia!: Aladdín en Industriales!!!

Podéis reservar entradas enviando un mail a:

antiguos.alumnos@industriales.upm.es

Allí nos vemos!

Yo que soy mucho de efemérides ando impaciente por celebrar mis primeros mil días como renegante formal y oficial de la Iglesia católica, de su Fe y sus estructuras, y como no, y con ganas, de sus responsables últimos, con la flamante Conferencia Episcopal Española a la cabeza.

 Recién entrado el verano de 2007 encontré el tiempo y el ánimo suficiente como para afrontar lo que en aquel momento creía que iba a ser un desafío cuasi insuperable.  Me enfrentaba por fin al proceso mediante el que lograría ratificar con la mayor formalidad posible mi convencido ateísmo.

 Dentro lo tuve claro desde siempre, y hacia fuera lo había expresado con toda la claridad de la que era capaz en cada circunstancia que así me lo permitía, pero me faltaba el cerrarles físicamente la puerta, superar las perezas y dar el paso formal que me quedaba para dejar ya de formar parte, aunque fuera a su manera, de su infierneable universo.

 Para bien o para mal, desde siempre tuve un contacto cercano con la Iglesia de a pie. Estudié con monjas primero y curas después, y salvo pedófilas y encarceladas excepciones, mantuve siempre muy buena relación con todos ellos. No encontré obstáculos para el debate, sino más bien todo lo contrario, en un ambiente que afortunadamente siempre estuvo sustentado sobre el respeto mutuo.

 Las buenas experiencias de mi infancia hicieron que fuera menor mi sorpresa por las facilidades con las que me fui encontrando a lo largo de mi corto y fructífero proceso de apostasía, algo que culminó con mi agradecimiento personal al Vicario General del Arzobispado de Madrid, allí en la mismísima puerta de la Catedral de la Almudena.

 No hubo trabas ni honorarios, sino tan solo normalidad y algunas pizcas de sentido común, y como resultado, un adiós en mayúsculas a la Iglesia que me hizo encaminarme hacia mi calle Mayor con una inmensa sonrisa, reflejo exacto de la enorme satisfacción que sentía.

 Suelo acordarme de aquellos días, pero es la actualidad la que me ha animado a escribir en el blog al respecto.

 Los jerifaltes católicos españoles, que lo mismo fletan autobuses para manifestarse contra el aborto que lo dejan de hacer para manifestarse contra la pobreza, por ejemplo, anunciaban ayer en boca del Portavoz de la Conferencia Episcopal la conveniencia de la excomunión para aquellos parlamentarios que votasen a favor de la llamada nueva ley del aborto.

Hoy Sánchez Llibre, portavoz de CiU, se ponía como una moto en la tribuna del Congreso de los Diputados cuando desde la bancada socialista se le recriminaba su actitud ante aquellos diputados catalanes que votaran a favor de la nueva LOFCA, a quienes acusó de asesinos políticos del Estatut de Catalunya. Nada de referirse a la “excomulgación”, decía él, y es que hay cosas “muy serias”, terminaba.

El conflicto viene cuando derechas y clero, clero y derechas, confunden sus ámbitos de actuación y hacen de su capa, o casulla, un sayo, entremezclando púlpito y tribuna y no distinguiendo la ley de su Dios de las leyes que hacemos entre los hombres.

 Y entonces es cuando uno piensa ¿y qué más puedo hacer yo?. Pues apostatar no, que ya lo hice. Sólo me queda compartirlo.

Es hora de nuevos retos, nuevas energías.

Así reza la última campaña lanzada desde Ferraz. Una campaña que pretende dar un nuevo impulso a la acción del Gobierno, a la par que busca acercar a los ciudadanos los logros obtenidos en los 5 años y medio que José Luís Rodríguez Zapatero lleva en la Moncloa.

 Se trata de una campaña con un importante valor coyuntural, necesaria sin duda en lo estratégico, pero que no debe quedar simplemente ahí. Debemos recordar y explicar, más y mejor, siempre.

 Somos muchos los que creemos en este Gobierno, y muchos los que hacemos un balance netamente positivo de las políticas desarrolladas desde que en 2004, entre muchos, sacamos a Aznar, Rajoy y compañía del Ejecutivo. Creemos que el país ha evolucionado, que se ha modernizado y que vuelve a estar en su lugar. Creemos en este Gobierno porque ha hecho de España un Estado más justo y solidario, un Estado más libre. Una nación definitivamente idealista que persigue, ante quien haga falta, un mundo necesariamente mejor. Y eso es lo que muchos esperamos de la política, de los políticos, y es lo que nos vemos obligados a demandar y a reconocer a nuestros gobiernos.

Estamos con Zapatero porque nos gusta mucho más esta España que la que él se encontró, y porque queremos que siga transformándola en la dirección marcada. Sin duda hay asuntos mejor y peor resueltos, como no podía ser de otra manera, pero el rumbo, a pesar de las nubes, está claro.

 Aún queda más de la mitad de la legislatura por delante, qué de metas por alcanzar, qué grandes retos. A mi juicio, resulta apasionante.

 Por eso es preciso que pongamos nuestras energías del lado de la acción, y no del de las trabas. Que miremos con ilusión lo que tenemos por delante y que no nos dejemos distraer por un ruido que sólo pretende pararnos, confundirnos, y al que sólo le interesa que las cosas no vayan mejor.

En la Agrupación de Centro nos hemos sumado a la campaña Federal. Estamos en la calle, compartiendo con los vecinos nuestra forma de ver las cosas. Y recibimos en nuestra sede a compañeros que desde su perspectiva profesional, pueden ayudarnos a comprender mejor algunas cosas.

El próximo jueves 12, a las 20.00, será el ex Portavoz del Gobierno y actual Portavoz de la Comisión Mixta para el Estudio del Cambio Climático en el Congreso, Fernando Moraleda, quien se acerque hasta Hernán Cortés 9 para compartir con vecinos, simpatizantes y militantes sus experiencias y perspectivas de futuro. Una gran oportunidad para saber más, y de primera mano, acerca de la acción de un Gobierno empeñado en mejorar las cosas, especialmente a aquellos que más lo necesitan. Y quería compartirlo con vosotros.

Allí nos vemos.

 acto-fernado-moraleda

 

Hace tiempo que quería compartir mi canción de cabecera.. y va ser hoy, ahora, y en mi versión preferida. Y es que, ¡Hoy puede ser un gran día, leches!

reIrene

 

Pues sí, pues sí, casi un año después volvemos a reponer la obra de Buero Vallejo “Irene o el tesoro“. Será los dos próximos fines de semana (24, 25 y 31 de octubre y 1 de noviembre, sábados a las 20.00 y domingos a las 19.00), en el Centro Sociocultural Mariano Muñoz de Usera (C/ Cristo de la Victoria esquina C/Cristo de la Vega, y Amén).

 Como sabéis los que ya habéis venido más veces por allí, las cervecitas que nos podemos tomar luego recompensan el desplazamiento, y eso sin contar con la obra, que no es por nada pero a mi me gusta un rato, y esta vez lo puedo decir porque tengo un papelín pequeño y peculiar.

 Así que ya sabéis, si podéis y os apetece, volvemos a vernos, y esta vez con la excusa del teatro, no se me ocurre otra mejor…

 Si queréis más información sobre la obra  o sobre cómo llegar hasta el Centro Cultural podéis pinchar el blog de Teatra teatrae:

http://www.teatrateatrae.blogspot.com/

 

Se supone que es lo normal por estas fechas, y como es normal, por todas partes vemos pañuelos, oímos toses y esquivamos estornudos de estas o de aquellas gripes. Yo hoy ando febril, y no sé si tengo fiebre.

Febril por debilidad, febril por una cabeza que hoy ya da muestras de andar un poco cansada de tantas esperas e incertidumbres y que, cuando por fin parece que está a punto de enfrentarse al final de un tortuoso camino, reclama su atención por el esfuerzo mantenido.

Creo que tras recibir unos pocos mimos, en realidad sólo quiere coger fuerzas. Cargarse de energía para afrontar nuevos desafíos, aventuras únicas con las que tanto ha y hemos soñado. Sabe que una difícil nueva etapa puede estar a punto de empezar, y lo quiere disfrutar, y yo con ella.

Casi que me alegro de la tos, de la flojera y de los mocos. Hoy me ha dado por pensar que todo lo que hay dentro de mi anda con su particular celebración por haber ido superando momentos difíciles. Y me alegro de sentirlo así. Febril, y con qué ganas de hacerlo bien.

 Achís!!

es viernes, no es muy tarde, y no sé muy bien por qué, pero no quiero sacarme esta canción de la cabeza.