Yo que soy mucho de efemérides ando impaciente por celebrar mis primeros mil días como renegante formal y oficial de la Iglesia católica, de su Fe y sus estructuras, y como no, y con ganas, de sus responsables últimos, con la flamante Conferencia Episcopal Española a la cabeza.
Recién entrado el verano de 2007 encontré el tiempo y el ánimo suficiente como para afrontar lo que en aquel momento creía que iba a ser un desafío cuasi insuperable. Me enfrentaba por fin al proceso mediante el que lograría ratificar con la mayor formalidad posible mi convencido ateísmo.
Dentro lo tuve claro desde siempre, y hacia fuera lo había expresado con toda la claridad de la que era capaz en cada circunstancia que así me lo permitía, pero me faltaba el cerrarles físicamente la puerta, superar las perezas y dar el paso formal que me quedaba para dejar ya de formar parte, aunque fuera a su manera, de su infierneable universo.
Para bien o para mal, desde siempre tuve un contacto cercano con la Iglesia de a pie. Estudié con monjas primero y curas después, y salvo pedófilas y encarceladas excepciones, mantuve siempre muy buena relación con todos ellos. No encontré obstáculos para el debate, sino más bien todo lo contrario, en un ambiente que afortunadamente siempre estuvo sustentado sobre el respeto mutuo.
Las buenas experiencias de mi infancia hicieron que fuera menor mi sorpresa por las facilidades con las que me fui encontrando a lo largo de mi corto y fructífero proceso de apostasía, algo que culminó con mi agradecimiento personal al Vicario General del Arzobispado de Madrid, allí en la mismísima puerta de la Catedral de la Almudena.
No hubo trabas ni honorarios, sino tan solo normalidad y algunas pizcas de sentido común, y como resultado, un adiós en mayúsculas a la Iglesia que me hizo encaminarme hacia mi calle Mayor con una inmensa sonrisa, reflejo exacto de la enorme satisfacción que sentía.
Suelo acordarme de aquellos días, pero es la actualidad la que me ha animado a escribir en el blog al respecto.
Los jerifaltes católicos españoles, que lo mismo fletan autobuses para manifestarse contra el aborto que lo dejan de hacer para manifestarse contra la pobreza, por ejemplo, anunciaban ayer en boca del Portavoz de la Conferencia Episcopal la conveniencia de la excomunión para aquellos parlamentarios que votasen a favor de la llamada nueva ley del aborto.
Hoy Sánchez Llibre, portavoz de CiU, se ponía como una moto en la tribuna del Congreso de los Diputados cuando desde la bancada socialista se le recriminaba su actitud ante aquellos diputados catalanes que votaran a favor de la nueva LOFCA, a quienes acusó de asesinos políticos del Estatut de Catalunya. Nada de referirse a la “excomulgación”, decía él, y es que hay cosas “muy serias”, terminaba.
El conflicto viene cuando derechas y clero, clero y derechas, confunden sus ámbitos de actuación y hacen de su capa, o casulla, un sayo, entremezclando púlpito y tribuna y no distinguiendo la ley de su Dios de las leyes que hacemos entre los hombres.
Y entonces es cuando uno piensa ¿y qué más puedo hacer yo?. Pues apostatar no, que ya lo hice. Sólo me queda compartirlo.



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