En lejanos bosques, hace sólo unos pocos días, un enorme oso me sorprendió mientras paseaba distraído. Se quedó parado justo delante mía, tan sorprendido como yo del repentino encuentro, y es que no nos conocíamos.
Yo, obediente, cumplí con los protocolos que con perseverancia nos habían inculcado para semejantes ocasiones. Rehusé el contacto visual, agité los brazos y vociferé. Ante todo, que el estupefacto plantígrado tuviese claro que en frente tenía a todo un ser humano, más o menos, y no a una presilla cualquiera.
Y ahí estaba yo, cual molino chillón en medio de la nada, cuando noto que, curioso, el animal se acerca hacia mi. Trato de recordar la siguiente instrucción para estos casos, y rápidamente me viene a la cabeza que había dos opciones. Si consideras que al acercarse el oso, su actitud es defensiva, play kill; o bien, si consideras que es depredativa, entonces don´t play kill.
Como la segunda opción tampoco me daba muchas más alternativas y considerando que, aunque experimentado zoologo, no me veía como para psicoanalizar al cada vez más cercano animal, me eché al suelo, estiré los brazos y aguanté la respiración. De Oscar estaba yo allí improvisando mi papel de muerto, lástima de académicos cercanos, cuando de repente sentí su aliento en la nuca y después junto a la oreja. Fué entonces cuando le oí decir con voz grave: “ Si lo que quieres es que haya movimiento, ¡muévete!”.
Y aquí estamos, de nuevo en movimiento.

2 comments
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7 Septiembre 2009 a 8:26 pm
Chemi
Me gustan mucho los osos, a ver si pronto me pasan experiencias como la tuya. Pero, yo quiero un “oso” persona que me haga vivir emociones como la tuya. Desde luego, yo no me haré el muerto.
Adios guapo.
Chemi
8 Septiembre 2009 a 11:07 am
Fran Martín Aguirre
aquí, y como tiene que ser, cada loco con su tema…
Un beso!