En tiempos en los que la pestilencia, tanto dentro como fuera, parecía ya una fuerza imparable, la sentencia emitida anoche por el Tribunal Constitucional nos permite volver a respirar, y lo posibilita doblemente.

En primer lugar, se pone de relieve la validez del sistema democrático, no por el contenido de la sentencia en sí, sino por la propia emisión de la misma, superando las inmensas e incalificables presiones de aquellos a los que sólo les sirve la democracia si valida sus tesis y premia sus intereses. El magnífico blog de José María Izquierdo da buena cuenta de ello cada día.

El segundo motivo de satisfacción es el enorme paso hacia la normalización democrática de Euskadi que el sentido de la sentencia supone. El Tribunal no encuentra vínculos entre Bildu y los terroristas, el compromiso de los primeros con la paz le parece al Constitucional merecedor de confianza, y la más que exigente Ley de Partidos no encuentra resquicios para echar atrás al que ahora sí puede considerarse como un partido político plenamente democrático. El garante que nosotros mismos nos hemos dado avala la legalidad de esas candidaturas, respetémoslo.

Es una buena noticia que nazca una alternativa que se aferre a la paz y que desde ese punto de partida tenga las legítimas aspiraciones políticas que quiera tener. Los ciudadanos vascos tienen, ahora sí, un abanico completo en el que poder elegir, un abanico en el que todas las opciones rechazan de plano la violencia.

Es el tiempo de consolidar la palabra como la única herramienta válida, es el tiempo arrimar el hombro en favor de una democracia auténtica, es tiempo para volver a respirar…y ojalá dure.

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