Fruto del cambio en la dirección socialista, comienza a multiplicarse la resonancia del discurso que defiende la mutación en el sentido del voto del PSOE en una hipotética nueva sesión de investidura de Mariano Rajoy.

Es legítima la defensa de esa posición, por supuesto, pero es una lástima que no se haya escuchado antes, al menos tan abiertamente como empieza a hacerse ahora. El debate hubiera resultado sin duda más honesto, y la autoridad pedagógica que ahora se pretende ejercer habría tenido ocasión tanto de ser difundida y asumida, como de ser correspondientemente rebatida. Desafortunadamente, insisto, el abandono del reiterado asentimiento ante el NO se ha producido demasiado tarde.

Argumentan quienes ya defienden sin tapujos la abstención que su posición tiene visión de largo plazo, es naturalmente profunda, se basa en la experiencia de gobierno y, como pretendida antítesis, es escasamente táctica. Algún buen amigo mío escribe, incluso, que sencillamente es el resultado del “saber leer”. Se trata, por supuesto, de una decisión embebida en esa “responsabilidad” que algunos interpretan como respuesta a la llamada de “la nación”.

Pues bien, ante este redoblar de campanas con el favor de algunos vientos creo obligado insistir en los también maduros y legítimos, cuanto menos, argumentos para la defensa del más rotundo NO a la continuidad de Rajoy y el Partido Popular.

A mi juicio, la responsabilidad exigible al PSOE se cimenta con buenas dosis de coherencia. Y no me refiero a ser presos de las palabras de Pedro Sánchez, no, me refiero a cumplir con la palabra dada a la ciudadanía, que es de la que deriva nuestra fuerza y nuestra actual capacidad en el Parlamento. Los 85 diputados y diputadas son el raquítico resultado de un compromiso a todas luces ineludible.

SÍ al cambio, ¿recuerdas? Sin trampa ni cartón nos presentamos a las elecciones de junio como la alternativa al gobierno del PP y en base a ello recibimos un respaldo que no debiéramos pisotear. Ésa sería una traición al corto plazo, con lógicas consecuencias que se extenderán mucho más allá, por más que podamos pensar que el tiempo todo lo tapa. Hablemos claro, ¿con qué legitimidad le vamos a reprochar nada a un nuevo gobierno del PP si éste logró esa posición gracias a nuestros votos? ¿estamos confiando la suerte y el presente del país a una futurible moción de censura a dos o tres años vista?

Resulta para mí incomprensible que defendamos nuestra condición de alternativa mientras validamos la continuidad de aquel a quien queremos sustituir. Aunque leyéramos lo que muchos no hemos debido o sabido leer, hay cuentos con los que no es preciso comulgar, y sapos que ni a fuerza de persuasiva dialéctica será obligado tragar, por más que todos los altavoces por fin se acoplen homogeneizando el nuevo mensaje “oficial”.

Mientras presenciamos el esperpéntico carrusel judicial que evidencia la naturaleza presente del Partido Popular, lo socialistas pasamos a plantearnos ser corresponsables de su continuidad. Dicen que no hay más remedio que avalar a quienes acaban de promover la suspensión del juicio del caso Gürtel, de pactar la retirada de la denuncia por la destrucción de los discos duros de Bárcenas, ¿y cuantas otras cosas más?

Pero si, como debemos, vamos más allá y entramos en el análisis de la exaltación y proclamación continuista con la que el Presidente en funciones se comprometió durante su fallido discurso de investidura, a algunos se nos apagan los más mínimos atisbos de esperanza, por más rebuscados que estos pudieran llegar a ser.

Es cierto que una oposición mayoritaria puede ser poderosa, sí, pero, ¿no será más razonable construir un gobierno, o al menos intentarlo hasta la extenuación, con los mimbres con los que se aspira a constituir esa gran oposición? ¿Para qué atraparse en ese viaje?

Para este socialista que escribe, llegados a este punto y a falta de acuerdos con sus aliados “naturales”, la continuidad del Partido Popular en el Gobierno tendría que ser el resultado de la legítima renovación de su apoyo ciudadano en unas nuevas elecciones, si fuera el caso, pero nunca consecuencia de la complicidad, técnica o compacta, puntual o prolongada, de aquellos que nos comprometimos con los electores a ser el motor principal del cambio.

El responsable NO que muchos y muchas defendemos tiene motivaciones tan profundas como las pueda tener el apoyo a cualquier otra opción. No caigamos ahora en ese desleal desprecio, y menos bajo la bandera del huir de la simplificación. Muchos de los que tenemos la “fea” y democrática costumbre de aferrarnos a la tiranía de la palabra dada percibimos de primera mano el descrédito y la desafección que sistemáticamente hemos ido generando mientras acumulábamos experiencia, y hoy nos rebelamos abiertamente a proseguir por esa senda.

Aunque sea con retraso, en todo caso, bienvenido sea un debate abierto, honesto y respetuoso. Ojalá nos lleve a un buen y multiparticipado puerto.

¿Es hoy el PSOE una herramienta útil para corregir los desequilibrios de esta sociedad y proveerla de mejores expectativas de futuro?, ¿y es, a su vez, una organización permeable a mis ideas y esfuerzos?

Dos preguntas concatenadas a las que siempre respondí SÍ. Una doble afirmación que condicionaba no sólo la afiliación al Partido Socialista, sino el salto cualitativo hacia una militancia activa.

Es cierto que ha habido tiempo para todo. Momentos de mayor o menor implicación en una militancia que, a estas alturas, y recién cumplidos los 35, casi representa la mitad de mi vida. Lo que no ha faltado en este tiempo es convencimiento, incluso desde las discrepancias, que por supuesto las hubo, porque siempre valoré que el Partido Socialista tenía un rumbo claro, definido en unos principios fundamentales y sustentado con firmeza en la participación de sus bases, en cualquiera de sus diferentes y evolucionadas formas.

Abandoné el forofismo tiempo atrás, también en la política. Aprendí que desnuda más que viste, mientras uno no se da ni cuenta. La simplificación y el calor que requieren los frentes es incompatible con la complejidad y la templanza en la que se cocinan las ideas, base imprescindible de las soluciones, al menos de las auténticas.

Es innegable la conmoción y el bochorno que tantos y tantas hemos sufrido estas semanas como consecuencia de las diferentes decisiones y actitudes adoptadas en una impresentable batalla que todavía no ha terminado de resolverse.

Sabiéndome casi noqueado, sólo queda mirar de frente a aquellas cuestiones que me desvelaron y trajeron hasta aquí: ¿sirve para algo?, ¿vale la pena? Y quizá una nueva, a modo de paracaídas: ¿tiene remedio?

Antes de intentar convencer a los demás conviene convencerse a uno mismo. Dejaré que el polvo caiga. Con él se escribirán de nuevo las respuestas, con él se dibujará el camino.

Mientras tanto, seguiré en funciones, defendiendo que mi voto y mi trabajo significaba y significa NO, ese #NOesNO cargado de ilusión por construir un futuro decente.

Hoy el trabajo me ha vuelto a llevar hasta la sede de la CEOE, donde el Vicepresidente de la República del Ecuador, Jorge Glas, ha celebrado una reunión con representantes de las principales empresas españolas.

Sin entrar en cuestiones de mero interés laboral, sí quiero destacar un par de curiosidades vinculadas al encuentro. La primera, relativa al comienzo de la intervención del mandatario ecuatoriano, a mi juicio digna de reseñar, y más al haberse pronunciado donde y ante quienes se ha hecho.

Narraba el Vicepresidente cómo en las últimas semanas le asaltaban preguntas de inversionistas extranjeros que dudaban sobre dónde ubicar sus operaciones. Ante un panorama como el regional, decían, en el que los salarios de colombianos y peruanos se habían depreciado, ¿cómo iba a ser capaz Ecuador de resultar más atractivo que sus vecinos sin mermar la capacidad adquisitiva de los trabajadores? Ahí fue donde Glas expuso la fuerza de su proyecto de gobierno, dándole la vuelta al vapuleado concepto de la “competitividad”.

Ecuador apuesta por la responsabilidad ambiental y el talento humano como principales fuerzas productivas, tal cual. Aspiran a que esos sean los nuevos motores del país y en ello vuelcan los recursos y los esfuerzos. El Ambiente (entero) y la Educación al servicio de un Progreso que, si no es justo, merece cambiar de nombre.

El mensaje a la patronal fue tan directo como rotundo. Existen alternativas a la “moderación salarial” como mecanismo para incrementar la productividad, máxime si se pretende que ésta sea real, sólida y duradera. El cambio de modelo es posible, pero requiere de convicción y firmeza, expresadas como Buen Gobierno, que dicho sea de paso no es lo mismo que un Gobierno cualquiera.

Terminó el encuentro y salí como casi siempre: deprisa. En la puerta de la central empresarial esperaba un grupo de inmigrantes ecuatorianos afincados en Madrid. Portaban una enorme tarta azul y blanca en la que se leía algo así como Felicidades Ingeniero Jorge Glas, la migración en España te saluda. Estaban rodeados de miembros de los equipos de seguridad y lo primero que pensé, y aquí está la segunda curiosidad, es que quizá planeaban lanzársela al segundo de a bordo del Gobierno ecuatoriano.

Afortunada y lógicamente no fue así. Andaba intrigado, así que postergué compromisos para ser testigo del desenlace. El Vicepresidente salió y sus compatriotas entonaron, en su versión más andina, un emotivo Cumpleaños feliz. La tarta no voló. “Sólo hubo fotografías y palabras de aliento, bidireccionadas.

Es evidente que en Ecuador no todo son parabienes, y también que su progreso responde a cadencias diferentes, pero no hay dudas de que sigue destilando un brillo distinto, para muchos incluso ilusionante.

Y mientras tanto, ¿qué destila hoy nuestro desgobierno? ¿Qué pasaría con nuestras tartas en Berlín, Londres o Quito?

Aquí, también, hay que hacer que brille.

Vestir por debajo de la rodilla es, en mi caso, señal de vuelta a la normalidad, entendida llanamente en términos de cotidianeidad. Con el tiro largo regresan las buenas voluntades y los más persistentes deberes. Por algo dicen que estos días se acumulan casi tantos propósitos como en el año nuevo, no hay más que recordar los anuncios de coleccionables imposibles que invadían aquella televisión que sí podía ser vista.

El definitivo éxito de este tiempo radicaría en el mero intercambio de adjetivos. Entrecruzar buenos deberes con persistentes voluntades significaría, simplemente, progreso. Visto así, por tanto, lo fundamental ahora debiera ser afinar en la selección de las metas, emparejándolas con esfuerzos tan suficientes como factibles.

Evitar frustraciones puede ser caro, pero no imposible, la cuestión será elegir bien el pantalón.

Bien podría ser la continuación del Volare (Nel blu dipinto di blu) que nos sigue achicharrando desde alguna parte de cada subconsciente pero, bajo este cielo azul sin necesidad de pintura alguna, aquello del “hinchar algo con aire u otro gas” como que se queda corto.

A tenor de las recurrentes informaciones sobre algunas prácticas extendidas en la contratación de obra pública en nuestro país, la RAE quizá debiera plantearse la incorporación de alguna acepción más a esa sugerente entrada que lo mismo vale para un globo que para unos buenos mandobles.

Lamentablemente, si fuera práctica olímpica estaríamos peleando con los mejores. Porque, en realidad, no se trata del “exagerar o abultar algún hecho”, lo que podría venir ligado a nuestro natural desparpajo, sino que va mucho más allá. Nos hemos venido arriba y toma ya naturaleza de procedimiento hasta terminar por institucionalizarse, siempre a cuenta del contribuyente. Razón de más para su adición a un diccionario que se precie de no dejar atrás la adecuada denominación de nuestras prácticas y usos comunes porque, dicho en palabras de Ozores o del Gobierno, Hacienda somos casi todos.

Me atrevería a recomendar a los Académicos que, ordinalmente, antepongan la nueva acepción a la que hace referencia al “ensoberbecer”, para terminar así con mejor sabor de boca. En el fondo, si fueran pillos, lanzarían un sutil mensaje conminando a la agitación de las olas, y las gentes, ante tanto y tanto mamoneo. Nunca se sabe por dónde habrá de venir el eficaz aleteo de la mariposa.

Sin abandonar el denuedo del post, demando a la Academia el rescate o creación de algún verbo que pueda servir para reflejar la acción de rechazar democráticamente estos usos, de castigar con una retirada del voto tan masiva y contundente como para erradicar la más mínima inquietud corrupta.

Quizá, sólo quizá, lo que nos falte sea un verbo que empezar a conjugar.

¿Sugerencias?

 

 

 

Leo en El País que los girasoles maduros ya no siguen al sol. También dicen que la planta más estresada de España ha sido incapaz de superar la presión y florecer. Así están las cosas.

Según el otrora faro de la izquierda parece que la flora patria no soporta el presente desatino. Absténganse pues las nubes, si es que pasan por ahí.

Hoy por hoy, compagino con cierta naturalidad sólidas fuentes de inspiración filosófica. Sin ir más lejos, anoche en Kung Fu Panda escuché de nuevo el proverbio que recita la sabia tortuga Oogway: “El ayer es historia, el mañana es un misterio. Sin embargo, el hoy es un regalo, por eso se le llama presente“.

Pienso ahora en los girasoles y en su brusca detención. Quizá ellos llegaron a una conclusión similar a la del maestro animado, concluyendo que a ciertas alturas es mejor abrir por fin el don y empezar a mirar hacia donde a cada uno le plazca.

El gran interrogante es el cuándo. Es cómodo disfrutar de la potencialidad de la semilla, imaginando su colorido germinar al gusto de cada imaginación. También es confortable amoldar el recuerdo y regodearse en su más adecuada deformación. Pero, ¿qué hay de ese ahora? Tendré preparado el teléfono para grabarlo y poder verlo después, o tal vez no.

Sobre esa coma vacila nuestro devenir, afirmaría con seguridad el docto reptil.

Por el momento, esta noche redescubriré los fuegos artificiales. Tres pares de ojos y un teléfono en el bolsillo. Ahora es “sólo” una preciosa semilla.

Alguien debiera acercarse a Vigo para susurrarle a Victoria: ole tú, que vas a florecer cuando más te apetezca.

flor-nenúfar


Lunes 8 de agosto de 2016

Y Victoria lo hizo, a su manera…

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2016/08/08/galicia/1470659469_751336.html?autoplay=1

Me gusta viajar solo. Hacer lo que me place sin dar explicaciones a nadie. Improvisar, correr, parar… Amoldarme sólo a mí mismo y a mis apetencias.

Marcarme objetivos y reglas volátiles, susceptibles de ser alteradas con sencillez a la simple demanda de mi voluntad. Susceptibles de perpetuarse si, por el contrario, me empecino.

Llevo mucho tiempo haciéndolo así, hasta tal punto que ya no sé si podría hacerlo de otro modo. No es que me asuste el tener que esperar, compartir o ceder, es simplemente que no me apetece. Saber, debo saber, que para algo soy hombre ilustrado.

La generalidad acepta que junto a otros el camino se enriquece. Yo lo considero un mecanismo de defensa más, con evidentes tintes de debilidades múltiples.

Los más honestos condicionarán el tópico a la adecuada selección de “la compañía”, en un ejercicio vago, claramente incompleto. En el fondo, si lo llevas hasta sus últimas consecuencias, te encuentras contigo mismo: a quien mejor soportas, con quien mejor te complementas, a quien más presta enriquecer.

La generalidad lo dice de boquilla, ya quisieran.

Por eso me fastidia el que ahora me quieran obligar a buscar compañeros de viaje. Una doble bofetada a la que he de poder esquivar, como sea.

No es por ellos, es por mí. Ya escampará.

Es por mí, ergo es por España, como Dios manda.

Faise o camiño,

Mariano.

 

 

 

 

Reabrir este blog tres años y medio después, releer las fotos fijas de entonces y volver a mirar el presente panorama político para constatar que, a pesar de todo, seguimos en las mismas, si es que no hemos ido a peor.

¿Quién se hubiera atrevido entonces a considerar responsable el habilitar la continuidad de Rajoy? ¿Cómo pueden hacerlo hoy? ¿Acaso algo se ha esclarecido? ¿Qué ha pasado en este tiempo? Si en lugar de exculpaciones judiciales lo único que ha producido son más y más afloramientos delictivos la respuesta es clara: sordina en vena.

Parece ser que nuestras tragaderas están saturadas de corrupción, pero que en esta situación, cual mecanismo de defensa, la reacción razonable pasa a ser la indiferencia. “Ya está amortizada” llegábamos a leer. Sólo falta que empecemos a echarla de menos cuando mengüe, por aquello de haber empezado ya a cogerle cariño.

Hoy también se lee que la imprescindible política de pactos fruto del nuevo tiempo político ha de obviar según qué cosas. Es curioso que se quiera construir un tiempo renovado y saneado sobre el aval directo a la indecencia, pero todo sea por el pacto en aras del supuesto “interés general”.

Pues miren, sin duda y por fortuna estamos inmersos en un tiempo que exige el entendimiento entre diferentes, en eso consiste y ha consistido siempre la democracia. La clave está en la cualidad que determine la “diferencia” entre quienes aspiren a entenderse.

Bajo esta perspectiva, parece razonable la búsqueda del acuerdo entre posiciones y proyectos políticos distintos, incluso apriorísticamente antagónicos, siempre alrededor de la identificación de puntos en común y del reparto de imprescindibles cesiones entre los intervinientes.

Por el contrario, degeneración y regeneración no pueden resultar miscibles, máxime a sabiendas de que al acercar ambos procesos siempre sale perdiendo el mismo. Sólo los más “audaces” son capaces de percibir en la continuidad el principio del cambio.

Pero al resto, quizá por pretender ser más garantistas o incluso conservadores, nos vale una expresión sencilla, firmable incluso por el propio Rajoy: el cambio requiere cambio.

Sin trampa ni cartón, millones de ciudadanos votamos el 26J a un PSOE que se presentó ante los electores con un compromiso nítido: SÍ al cambio. Por tanto, es lo que cabe exigirle hoy, que trabaje con intensidad por el cambio real, nunca en sentido contrario.

Por decencia y por responsabilidad, hoy, al igual que hace tres años, es el tiempo de expresar con la mayor rotundidad el NO de los y las socialistas a la continuidad del Partido Popular.

#yovotéSÍalcambio

 

Mañana el Presidente del Gobierno subirá a la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados (circunstancialmente ubicada en el Palacio del Senado) para, tras resumir unas supuestas y abrumadoras evidencias de una incipiente y exuberante recuperación económica, reivindicar su inocencia ante las acusaciones que le achacan supuestos comportamientos corruptos.

Defenderá la legalidad del sistema contable del Partido Popular, y la honorabilidad de todos sus altos dirigentes, con la excepción de la que ha sido la oveja negra de la familia conservadora. Una oveja sin nombre.

Asumirá el error de haber depositado su confianza en quien no debía, como a cualquiera le puede pasar, y defenderá la humanidad de aquel que trata de reconfortar al que lo está pasando mal, como Dios manda.

El Presidente exhibirá su fe en el buen hacer de la Justicia, y expresará su mayor confianza en que el buen hacer del Poder Judicial limpiará definitivamente el nombre de su Partido y el suyo propio.

En ese punto los Portavoces de las restantes fuerzas políticas con representación parlamentaria estarán repasando sus respectivos discursos, terminados la tarde anterior. Todo discurre según lo previsto.

Pero entonces, y tras un largo trago de agua, Rajoy pondrá sobre la mesa la extraordinaria importancia de la estabilidad política. Agarrará con fuerza el atril entre sus manos y dirá: “Un país que se encuentra ante una situación tan difícil como a la que hoy todavía tiene que enfrentarse España, no se puede permitir una falta de confianza en sus instituciones como la que hoy desafortunadamente nos abruma, que se expresa con especial virulencia en la escasa credibilidad que para los ciudadanos actualmente tiene su Presidente del Gobierno, es decir, yo”.

Un silencio sepulcral  se habrá hecho en el hemiciclo.

“Defiendo mi inocencia”, proseguirá el Presidente, “y ruego que se respete la imprescindible presunción de inocencia de la que el conjunto de los ciudadanos queremos disfrutar, pero asumo que en estas condiciones lo mejor que puedo hacer para favorecer los intereses del país es dar un paso atrás, renunciar a la Presidencia del Gobierno, y alentar así la formación de un nuevo Gabinete que prosiga desde la estabilidad política la senda reformista que nos conducirá a la salida definitiva de la crisis”.

Será ese el momento en el que los diferentes líderes de la oposición tomen la palabra e improvisen sus discursos para agradecer el gesto del Sr. Rajoy, su generosidad por el bien común. Todos expresarán su confianza en que la Justicia depurará responsabilidades y dejará a cada uno en el lugar que le corresponda.

Comenzará entonces una nueva etapa de regeneración política y democrática en nuestro país que servirá para devolver una dignidad perdida, imprescindible para una construcción sólida y justa de un futuro compartido.

¿Te imaginas que pasase algo así?

ha sido lo único que me ha acompañado desde que recuerdo. Lo echaba tanto de menos estando lejos. Ha sido la ilusión por la que hace tiempo quería que corriese la semana. Evasión y victoria. Teatrear.

A la vuelta de Afganistán conseguí reengancharme en un curioso y polémico proyecto que satisfizo muchas de mis desbocadas ansias de escenario, compatibilizándolo a duras penas con un nuevo y exigente entorno personal que merecía la mayor dedicación. Salió adelante, y dejó como siempre sed de más.

Con el comienzo de 2013 arrancamos un nuevo proyecto artístico, Dodecaedro Ars, una plataforma multidisciplinar que pretendíamos utilizar como resorte para nuevas iniciativas, para generar actividad. Y entonces descubrimos que parte de Afganistán ya estaba aquí. Una inmensa miseria cultural estaba acabando con los espacios y los recursos para la cultura. Tierra yerma a base de insoportables losas de hormigón que achican las oportunidades en franca tendencia suicida hacia la nada.

No cejamos en el empeño. Aprendemos, y sabemos que tenemos todo por mejorar, pero también vamos asumiendo que no somos ajenos a la batalla contra la Nada.  Está en manos de todos el revertir esta desolación, a la postre nosotros mismos la hemos traído o en buena medida nos hemos inhibido facilitando que campe a sus anchas.

Parece que en septiembre al menos un telón se volverá a levantar. La ilusión es la misma, el cansancio mayor, pero la fuerza que nace de la resistencia nos permitirá llegar más allá, seguro.

Venzamos a la Nada.

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